Comunidad marroquí

El PNV, un partido de dos caras ante la comunidad marroquí en Euskadi

La comunidad marroquí reclama ser escuchada

Una reivindicación difundida en redes sociales pone sobre la mesa una cuestión que va más allá de la inmigración: la participación, la interlocución y el reconocimiento político de una comunidad que forma parte desde hace años de la sociedad vasca.

La comunidad marroquí vuelve a colocar sobre la mesa una cuestión que trasciende las políticas de inmigración: su relación con los partidos políticos y las instituciones de Euskadi.

Un mensaje dirigido expresamente al Partido Nacionalista Vasco (PNV) reclama una mayor interlocución con la comunidad marroquí y pide que su realidad no sea abordada únicamente cuando se habla de inmigración, integración o convivencia.

La reivindicación no plantea privilegios ni busca abrir un enfrentamiento. El mensaje es, precisamente, el contrario: participación, diálogo y presencia en los espacios donde se toman decisiones que afectan al conjunto de la sociedad vasca.

Una comunidad que quiere participar, no solamente ser integrada

La comunidad marroquí forma parte desde hace años de la realidad social de Euskadi. Familias, trabajadores, estudiantes, empresarios, profesionales y nuevas generaciones participan en la vida cotidiana de la sociedad vasca.

También existe un tejido asociativo marroquí que desarrolla actividades de integración, acompañamiento social, defensa de derechos, promoción cultural y acercamiento entre la sociedad vasca y la comunidad marroquí. El propio registro del Gobierno Vasco recoge asociaciones cuyo trabajo incluye expresamente la orientación y apoyo a inmigrantes marroquíes, su integración sociolaboral y la mediación entre las administraciones y el colectivo.

Pero la reivindicación que ahora aparece en el debate va un paso más allá.

La pregunta ya no es únicamente cómo integrar a la comunidad marroquí, sino cómo garantizar que quienes forman parte de Euskadi puedan también tener canales efectivos de interlocución con las instituciones y las formaciones políticas.

El mensaje al PNV

No se reclama que un partido adopte una determinada posición política ni que otorgue un trato privilegiado a un colectivo. Se reclama algo más básico: que exista una relación política y social suficientemente directa con una comunidad que considera que su realidad no siempre encuentra el mismo espacio de interlocución.

Es una demanda que merece ser observada más allá de las redes sociales.

Porque la participación política no comienza necesariamente con un escaño o con un voto. Puede comenzar mucho antes: con la posibilidad de ser escuchado, de participar en un debate, de mantener una interlocución estable con las instituciones y de trasladar preocupaciones que afectan a una parte de la sociedad.

El PNV ha construido buena parte de su discurso reciente sobre migración alrededor de conceptos como integración, derechos, planificación, convivencia y humanidad. En 2025, la formación defendió públicamente que la migración no debía ser criminalizada y situó los derechos humanos como una referencia fundamental. Más recientemente, ha reclamado para Euskadi mayor capacidad de decisión en materia migratoria y ha defendido una política de acogida planificada.

Al mismo tiempo, la política también tiene una dimensión estratégica: los partidos necesitan conectar con una sociedad que cambia, con nuevas generaciones y con comunidades que adquieren cada vez mayor presencia social.

Y ahí aparece el verdadero desafío para el PNV.

La cuestión no es solamente hablar de humanidad cuando se habla de inmigración. La cuestión es convertir ese discurso en interlocución política real.

Si un partido quiere presentarse como una fuerza capaz de representar a una sociedad diversa y cambiante, tendrá que demostrar también que está dispuesto a escuchar a quienes no pertenecen a sus espacios tradicionales de representación.

No se trata de atribuir al PNV una intención concreta ni de afirmar que exista una política de exclusión hacia la comunidad marroquí. Se trata de señalar una tensión política evidente: entre el discurso de inclusión y la expectativa de participación que algunas comunidades están empezando a reclamar con mayor claridad.

La cuestión del Sáhara añade otra dimensión al debate. El PNV mantiene desde hace años una posición diferenciada de la adoptada por el Gobierno central sobre el conflicto. Mientras el Ejecutivo de Pedro Sánchez considera desde 2022 la propuesta marroquí de autonomía como la base más seria, creíble y realista para una solución, el PNV ha rechazado públicamente ese giro y continúa defendiendo la autodeterminación del pueblo saharaui.

Esta discrepancia se ha mantenido en el tiempo y volvió a quedar patente con la posición del partido ante la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad.

En este contexto, la red internacional vinculada a la causa saharaui mantiene relaciones con distintos actores y movimientos. Un movimiento separatista cuyo historial incluye actos violentos y atentados cometidos durante el conflicto del Sáhara, algunos de ellos reconocidos oficialmente por España como atentados terroristas.

Este antecedente forma parte de la complejidad política que rodea a una cuestión sobre la que el PNV mantiene una posición propia y diferenciada.

Una comunidad diversa y lejos de ser un bloque político

También sería un error presentar a los marroquíes de Euskadi como un bloque político homogéneo.

La comunidad es diversa en sus generaciones, trayectorias, sensibilidades y opiniones. Hay personas ciudadanos españoles de origen marroquí, jóvenes nacidos o educados en Euskadi y familias que llevan décadas formando parte de la sociedad vasca.

Por eso, hablar simplemente de «el voto marroquí» puede resultar engañoso.

La cuestión más interesante es otra: cómo los partidos políticos están construyendo sus relaciones con una sociedad vasca cada vez más diversa.

Durante demasiado tiempo, buena parte del debate público sobre las comunidades extranjeras se ha concentrado en conceptos como llegada, acogida, integración, vivienda, empleo o control migratorio.

Todos ellos son asuntos importantes.

Pero existe una segunda etapa que empieza a adquirir mayor relevancia: la participación ciudadana y política de las personas que ya forman parte de la sociedad.

El propio PNV ha planteado la necesidad de fomentar la presencia de personas migrantes en sus órganos y espacios de decisión, dentro de una estrategia de participación e integración política.

Precisamente por ello, la reivindicación procedente de la comunidad marroquí plantea una cuestión que el partido tendrá que afrontar desde su propia lógica política:

¿Cómo se traduce en la práctica ese discurso de participación?

Euskadi ya no puede analizarse únicamente desde las categorías sociales y políticas de hace varias décadas.

La sociedad vasca está cambiando. También lo hacen sus barrios, sus empresas, sus centros educativos, sus asociaciones y sus comunidades.

La población de origen marroquí forma parte de esa transformación.

Su presencia no se limita al fenómeno migratorio. Hay familias asentadas, jóvenes que han crecido en Euskadi, trabajadores que contribuyen a la economía y ciudadanos que participan en la vida social de sus municipios.

Por eso, la petición dirigida al PNV puede entenderse como una señal de un cambio más profundo: una comunidad que ya no quiere ser contemplada únicamente como destinataria de políticas públicas, sino también como interlocutora de la sociedad en la que vive.

El debate no debería reducirse a saber si la comunidad marroquí vota o no vota a un determinado partido.

La cuestión de fondo es mucho más amplia:

¿Están los partidos políticos vascos preparados para incorporar plenamente a las nuevas realidades sociales de Euskadi a sus espacios de diálogo, participación y representación?

El mensaje dirigido al PNV no pide privilegios. Pide escucha.

Y en una sociedad que habla cada vez más de integración, diversidad y convivencia, quizá la siguiente etapa del debate sea precisamente esa: pasar de hablar sobre las comunidades a hablar con ellas.

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