Política

Brahim Ould Errachid : « El Sáhara, una región marroquí como las demás: SM el rey Mohammed VI impulsa una nueva etapa tras 35 años de marco de la ONU»

Por Brahim Ould Errachid
Miembro del Consejo Nacional del Partido del Istiqlal

Hay lealtades que ni los vaivenes de la historia consiguen quebrar ni las circunstancias políticas logran someter. También hay vínculos de pertenencia cuya legitimidad se asienta en una memoria más antigua que las controversias diplomáticas y en una conciencia más profunda que cualquier construcción ideológica.

La relación que une a los saharauis marroquíes con el Glorioso Trono alauí pertenece a esa continuidad histórica. Es una realidad humana e histórica cuya profundidad difícilmente puede comprenderse desde una perspectiva exclusivamente geopolítica.

Como saharaui profundamente comprometido con la marroquinidad del Sáhara y con la soberanía de mi país, considero que nuestra defensa de la integridad territorial del Reino no responde a una adhesión circunstancial ni a una conveniencia política. Tiene sus raíces en una historia compartida, encuentra su legitimidad en la continuidad del Estado marroquí y alcanza su máxima expresión en la fidelidad al Glorioso Trono alauí y a Su Majestad el Rey Mohammed VI, que Dios le asista y le glorifique.

Esta lealtad tiene una profundidad que las circunstancias actuales no pueden explicar por sí solas.

Forma parte de la larga historia de las relaciones entre las tribus saharauis y los sultanes de Marruecos. Remite a la tradición de la Bay’a, que durante siglos ha constituido uno de los pilares de nuestra organización política y de nuestra concepción de la legitimidad. No se trata de una práctica meramente ceremonial ni de una simple manifestación de respeto.

La Bay’a responde a una concepción histórica de la autoridad y a un compromiso recíproco cuya huella permanece en la memoria colectiva. Las sucesivas lealtades, las solidaridades ancestrales, los vínculos espirituales y la continuidad dinástica forman parte de un patrimonio común que las dificultades de la historia no han conseguido borrar.

Para numerosas familias saharauis, la monarquía no es una institución distante cuya autoridad se haya superpuesto a una identidad preexistente. Constituye una de las expresiones más antiguas de su pertenencia a la comunidad nacional marroquí.

Sin embargo, sería insuficiente buscar únicamente en el pasado las razones de nuestro compromiso actual. La marroquinidad del Sáhara no es solamente una herencia que hemos recibido: es también una responsabilidad que debemos asumir.

Es una realidad que cada generación está llamada a preservar y que contribuimos a mantener viva en nuestra vida cotidiana.

Los saharauis partidarios de la unidad nacional no somos espectadores de una cuestión cuyo destino se decida exclusivamente en las capitales extranjeras. Somos parte activa de ella. Conocemos sus dimensiones humanas y sus implicaciones sociales, y somos conscientes de las consecuencias que ha tenido sobre las familias y los equilibrios de nuestra región.

Durante décadas, los representantes electos de las provincias del sur, los representantes tribales, los notables, los responsables políticos, las asociaciones, las mujeres y los jóvenes han participado en la consolidación de esta pertenencia nacional. Su compromiso no puede ser minimizado ni reducido a un simple respaldo a la posición oficial del Reino.

Constituye una aportación política e histórica propia. Aporta a la defensa de la integridad territorial una dimensión popular y una profundidad humana sin las cuales cualquier proyecto de consolidación nacional quedaría incompleto.

La Marcha Verde de noviembre de 1975 sigue siendo, en este sentido, uno de los acontecimientos fundacionales de nuestra historia contemporánea. Bajo el impulso de Su Majestad el Rey Hassan II, que Dios tenga en su gloria, aquella movilización expresó de manera extraordinaria la voluntad nacional de recuperar las provincias saharianas.

Cincuenta años después, las conmemoraciones de 2025 recordaron la trascendencia de aquel legado y los sacrificios realizados en defensa de la unidad territorial. Pero también pusieron de manifiesto una transformación decisiva: el tiempo de la reivindicación histórica ha ido dando paso al de una construcción política y territorial destinada a consolidar los logros nacionales y proyectarlos hacia el futuro.

Es precisamente en esa conexión entre la legitimidad heredada y la responsabilidad del presente donde se aprecia la visión de Su Majestad el Rey Mohammed VI.

Durante su reinado, la cuestión nacional ha adquirido una nueva dimensión diplomática, acompañada de una política de desarrollo orientada a convertir las provincias del sur en un espacio de estabilidad y prosperidad.

La autonomía, una propuesta para superar décadas de confrontación

La presentación por parte de Marruecos, el 11 de abril de 2007, de la Iniciativa para la negociación de un estatuto de autonomía para la región del Sáhara marcó un punto de inflexión en la búsqueda de una solución política.

La propuesta ofreció una respuesta institucional a la voluntad del Reino de superar un conflicto prolongado durante décadas por los enfrentamientos y las posiciones enfrentadas.

Se fundamenta en una concepción exigente de la autonomía regional, ejercida dentro del marco de la soberanía nacional y del respeto a la integridad territorial.

Su alcance no reside únicamente en la búsqueda de un compromiso diplomático. También plantea un modelo de organización política que permita a las poblaciones concernidas participar plenamente en la gestión de sus asuntos locales, al tiempo que se preservan las competencias soberanas del Estado.

La representación democrática y el reconocimiento de las particularidades culturales deben encontrar en ese marco su plena expresión. La responsabilidad de las instituciones territoriales y la garantía de los derechos constituyen, asimismo, elementos fundamentales.

Marruecos ha apostado así por una vía política que pretende conciliar el ejercicio efectivo de las responsabilidades regionales con la continuidad de su unidad constitucional.

La aprobación de la Resolución 2797 por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el 31 de octubre de 2025, representó un hito diplomático de especial relevancia.

El texto prorrogó hasta el 31 de octubre de 2026 el mandato de la MINURSO e instó a las partes a entablar conversaciones tomando como referencia el plan de autonomía presentado por Marruecos.

La resolución consideró que una autonomía auténtica podría representar una de las soluciones más viables. Este avance situó la iniciativa marroquí en el centro del marco de negociación y reforzó su relevancia en la búsqueda de una salida política.

Para nuestro país, supuso el resultado de una diplomacia paciente, dirigida bajo la alta autoridad de Su Majestad el Rey Mohammed VI y basada tanto en la firmeza de los principios como en la prudencia a la hora de actuar.

También confirmó que la credibilidad de una propuesta diplomática se mide por su capacidad para modificar los términos de un conflicto y abrir perspectivas institucionales viables.

El discurso histórico pronunciado por Su Majestad el Rey Mohammed VI ante su pueblo el 31 de octubre de 2025 ocupa un lugar singular en esta evolución. Por su alcance político y la profundidad de sus orientaciones, el mensaje real otorgó a aquel avance diplomático una dimensión nacional extraordinaria.

El monarca anunció la apertura de una nueva etapa en el proceso de consolidación de la marroquinidad del Sáhara y señaló que la Iniciativa de Autonomía debía servir de base para alcanzar una solución consensuada y definitiva.

Al establecer una distinción entre el antes y el después del 31 de octubre de 2025, el Rey situó aquel momento en una perspectiva histórica que trasciende los cambios habituales de la diplomacia. Para quienes defendemos la unidad nacional, aquel discurso representó mucho más que el anuncio de un logro diplomático.

Expresó una visión del futuro del país en la que la consolidación de la soberanía va de la mano de la responsabilidad política y de la búsqueda de una convivencia duradera.

La reconciliación, otra dimensión de la victoria nacional

La importancia de aquel mensaje real reside también en la concepción de la victoria nacional que transmitió.

Su Majestad el Rey subrayó que Marruecos no pretendía alimentar los enfrentamientos ni profundizar las divisiones y que seguía comprometido con una solución que preservase la dignidad de todas las partes.

Esta orientación merece una atención especial. Refleja una concepción elevada de la responsabilidad del Estado, que no confunde la firmeza en los principios con la perpetuación de los resentimientos.

También recuerda que una nación segura de sus fundamentos puede apostar por la distensión sin renunciar a sus derechos.

Esta visión aporta a la política marroquí una dimensión humana que debe estar presente en cada una de las próximas etapas. La importancia de una causa nacional no se mide únicamente por los reconocimientos obtenidos o por las posiciones diplomáticas consolidadas.

También se mide por la capacidad de crear las condiciones para la reconciliación y ofrecer a quienes desean participar en la vida común un horizonte de dignidad y seguridad.

El llamamiento solemne dirigido en aquel mismo discurso a nuestros hermanos establecidos en los campamentos de Tinduf mantiene, en este sentido, una especial relevancia.

Su Majestad el Rey les invitó a aprovechar la oportunidad histórica que ofrece la Iniciativa de Autonomía para reencontrarse con sus familiares, participar en la gestión de los asuntos locales y contribuir al desarrollo de su patria.

El monarca reafirmó el principio de igualdad entre todos los marroquíes y garantizó que quienes regresasen de los campamentos disfrutarían de los mismos derechos que sus compatriotas.

A mi juicio, esta es una de las principales enseñanzas del discurso real.

La dignidad humana ocupa un lugar central en esta perspectiva nacional. Se expresa en la voluntad de reunir a las familias y superar las fracturas acumuladas durante décadas. Además, otorga a la reconciliación un contenido concreto y una legitimidad que emana directamente de la autoridad moral y constitucional del monarca.

El mismo discurso reiteró la disposición de Marruecos a entablar un diálogo fraternal y sincero con Argelia para abrir el camino hacia unas relaciones basadas en la confianza y la buena vecindad.

Ese gesto confirma una orientación real que no separa la defensa de los intereses fundamentales del Reino de la búsqueda de la estabilidad regional.

El futuro del Magreb no puede quedar condenado indefinidamente a los enfrentamientos heredados de décadas anteriores. Los pueblos de este espacio comparten una misma geografía y aspiraciones económicas y sociales que hacen necesaria una perspectiva de cooperación.

La defensa de nuestra unidad nacional no implica hostilidad hacia los pueblos vecinos. Al contrario, exige defender con determinación los intereses legítimos de nuestro país y, al mismo tiempo, preservar las posibilidades de convivencia y de desarrollo regional en beneficio de todos.

El 31 de octubre, una nueva referencia para la unidad nacional

La institución del 31 de octubre como Fiesta de la Unidad, por decisión de Su Majestad el Rey Mohammed VI anunciada el 4 de noviembre de 2025, dio continuidad simbólica e institucional a esta nueva etapa.

La elección de esta fecha no responde a la creación de una conmemoración más. Expresa la voluntad de incorporar los avances de la causa nacional al patrimonio cívico del Reino.

La jornada vincula la memoria de los sacrificios realizados con la conciencia de las responsabilidades futuras. Recuerda que la cohesión nacional es una tarea permanente, cuyo legado recibe cada generación y cuya continuidad le corresponde garantizar.

Para las poblaciones saharauis profundamente vinculadas al Trono alauí, esta celebración tiene un significado especial. Representa la reafirmación de su pertenencia al conjunto de la Nación y su lugar en una comunidad de destino que las dificultades históricas han contribuido a fortalecer.

La nueva configuración diplomática también ha venido acompañada de una consolidación significativa de los apoyos internacionales a la propuesta marroquí.

El reconocimiento por parte de Estados Unidos de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara, en diciembre de 2020, constituyó un paso especialmente relevante. Esta posición fue reafirmada en el mensaje enviado por el presidente Donald Trump a Su Majestad el Rey Mohammed VI con motivo de la Fiesta del Trono de 2026, difundido el 1 de agosto.

Francia también ha adoptado una posición que sitúa el presente y el futuro del Sáhara en el marco de la soberanía marroquí.

El Reino Unido ha expresado su apoyo a la Iniciativa de Autonomía como una base creíble y pragmática para alcanzar una solución duradera.

Por su parte, España ha reconocido la seriedad y el realismo de esta propuesta como base para la búsqueda de una solución política.

Estas posiciones presentan matices y formulaciones diplomáticas diferentes. Sin embargo, su convergencia refleja el creciente peso de la propuesta marroquí en las relaciones internacionales y el interés por una solución basada en la estabilidad institucional y la cooperación.

El desarrollo de las provincias del sur, la dimensión tangible de la soberanía

Esta dinámica no puede separarse de la transformación económica de las provincias del sur.

La diplomacia marroquí ha vinculado de manera constante la defensa de la soberanía con el impulso de las inversiones y la integración de los territorios saharianos en los intercambios económicos regionales.

El Nuevo Modelo de Desarrollo de las Provincias del Sur, puesto en marcha en noviembre de 2015 bajo el impulso de Su Majestad el Rey Mohammed VI, abrió nuevas perspectivas en materia de infraestructuras, equipamientos colectivos, aprovechamiento de los recursos y desarrollo de capacidades.

Las mejoras de las conexiones por carretera, los proyectos portuarios y las inversiones en energías renovables forman parte de esta estrategia.

El proyecto del puerto Dakhla Atlantique es una de sus expresiones más significativas. Representa la vocación geoeconómica que Marruecos pretende impulsar en sus provincias saharianas, integrándolas en las grandes rutas comerciales que conectan el Atlántico con el interior de África.

El desarrollo de estos territorios no es un elemento secundario de la causa nacional. Es una de sus expresiones más concretas.

El discurso pronunciado por Su Majestad el Rey Mohammed VI ante el Parlamento el 9 de octubre de 2026 aportó una perspectiva especialmente actual a esta reflexión.

Al recordar que el orgullo nacional debe traducirse en responsabilidad y deber, el monarca planteó una exigencia que afecta directamente al futuro de nuestras provincias del sur.

Insistió en la necesidad de reforzar la justicia social y territorial y mejorar de manera efectiva los servicios públicos. Situó la acción territorial y la resolución de los problemas cotidianos de los ciudadanos entre las prioridades nacionales.

También llamó a acelerar la desconcentración administrativa y a reforzar la capacidad de decisión y ejecución de las instituciones regionales.

Estas orientaciones tienen una importancia considerable para la cuestión del Sáhara. Recuerdan que el fortalecimiento del sentimiento de pertenencia nacional debe ir acompañado de una participación real en la gestión pública y de una mejora perceptible de las condiciones de vida.

Invitan a los responsables locales a entender sus funciones no como privilegios, sino como responsabilidades ante los ciudadanos y ante la historia.

Desde esta concepción de la responsabilidad deben analizarse los acontecimientos registrados en el Consejo de Seguridad el 30 de octubre de 2026.

Reunido para examinar el futuro de la MINURSO, el Consejo no logró aprobar ninguno de los dos proyectos de resolución que tenía sobre la mesa.

El texto presentado por Estados Unidos obtuvo once votos favorables, pero se encontró con el veto de la Federación de Rusia.

El proyecto alternativo presentado por Rusia solo consiguió tres votos a favor y tampoco alcanzó la mayoría necesaria. Ante la falta de una prórroga, el mandato de la MINURSO expiró el 31 de octubre de 2026.

Este desenlace marcó el final de un ciclo de 35 años durante el cual la misión había acompañado las distintas fases del dispositivo de Naciones Unidas establecido en 1991.

También abrió una nueva etapa, cuya dimensión política debe analizarse teniendo en cuenta los cambios que se han producido en el tratamiento internacional de la cuestión del Sáhara.

El comunicado del Gabinete Real y el cierre de una etapa

El comunicado del Gabinete Real, difundido el 30 de octubre de 2026, otorgó a esta evolución su significado dentro de la doctrina diplomática del Reino.

Marruecos consideró la no renovación del mandato de la MINURSO un avance importante y un paso especialmente significativo hacia el cierre definitivo del expediente del Sáhara marroquí en el seno de Naciones Unidas.

El comunicado presentó este acontecimiento como el cierre de una etapa de 35 años y como una ruptura con un enfoque que, a juicio del Reino, había dejado de responder a los parámetros actuales del conflicto.

También señaló que Marruecos consideraba que esta evolución debía conducir al fin de la presencia de la misión en las provincias del sur y a la conclusión del examen periódico de esta cuestión por parte del Consejo de Seguridad.

La posición marroquí quedó expresada sin ambigüedades.

Parte de la convicción de que los avances diplomáticos acumulados y el lugar reconocido a la Iniciativa de Autonomía exigen una transformación profunda del marco en el que el conflicto ha sido abordado durante varias décadas.

El comunicado tiene una relevancia política particular porque conecta directamente con la orientación expresada por el Rey en su discurso del 31 de octubre de 2025.

La continuidad entre ambos momentos resulta evidente. Aquel discurso anunció la apertura de una nueva etapa y la necesidad de superar la lógica de la mera gestión del conflicto. El comunicado del 30 de octubre de 2026 situó los últimos acontecimientos institucionales dentro de esa misma perspectiva de transformación.

La diplomacia marroquí reafirma así su voluntad de que el futuro de las provincias del sur deje de estar condicionado por mecanismos heredados de una coyuntura histórica anterior.

Esta voluntad sigue vinculada al compromiso del Reino con la preservación del alto el fuego y la seguridad de sus ciudadanos. También se acompaña de la continuidad de una dinámica diplomática bilateral y regional que Su Majestad el Rey Mohammed VI ha situado entre las prioridades de su acción.

Según la valoración expresada por el Gabinete Real, más de dos tercios de los Estados miembros de Naciones Unidas respaldan actualmente la autonomía bajo soberanía marroquí como marco para resolver el conflicto.

Esta apreciación oficial refleja la dimensión de los apoyos que el Reino pretende consolidar en la nueva etapa.

Sin embargo, debemos comprender que los grandes avances diplomáticos no pueden constituir un fin en sí mismos. Su verdadero valor se mide por las transformaciones que permiten en la vida de las poblaciones.

El Sáhara marroquí no puede contemplarse únicamente como un espacio de afirmación de la soberanía. También debe convertirse en una referencia de buena gobernanza territorial, participación democrática, justicia social y desarrollo humano.

Los habitantes de El Aaiún y Dajla, al igual que los de Smara y Bojador, deben poder reconocer en las políticas públicas los resultados concretos del compromiso nacional.

El acceso a una educación de calidad y a una formación adaptada a las necesidades del mercado laboral, el impulso al empleo juvenil, el apoyo a la iniciativa privada, la protección del patrimonio cultural hassaní y la mejora de los servicios esenciales son algunas de las condiciones que permiten dar un significado cotidiano a la pertenencia nacional.

La fidelidad al Trono alauí también encuentra su expresión más noble en el compromiso de contribuir a mejorar las condiciones de vida de nuestros conciudadanos.

Los saharauis unionistas ante su responsabilidad histórica

Desde esta perspectiva, los saharauis partidarios de la unidad nacional tenemos una responsabilidad histórica que sería imprudente subestimar.

Nuestro conocimiento de las realidades locales y nuestro arraigo en las estructuras sociales de las provincias del sur constituyen un valioso capital humano y político.

Los representantes electos, los responsables administrativos, los universitarios y los empresarios originarios de estos territorios deben participar plenamente en el diseño y la aplicación de las políticas que determinarán su futuro.

Una autonomía auténtica no puede limitarse a una arquitectura institucional carente de contenido democrático. Necesita una cultura de responsabilidad y transparencia, una distribución clara de competencias y una participación efectiva de los ciudadanos en las decisiones públicas.

También exige el surgimiento de una nueva generación de responsables capaces de conciliar la fidelidad a los principios fundamentales de la Nación con una gestión moderna, rigurosa y eficaz de los asuntos territoriales.

La cuestión de Tinduf sigue siendo inseparable de esta responsabilidad.

Detrás de décadas de confrontación diplomática existe una realidad humana que ningún discurso institucional puede abarcar por completo. Hay familias que fueron separadas, generaciones que crecieron lejos unas de otras y vínculos familiares y solidaridades ancestrales que han sufrido las consecuencias de una división prolongada.

Sigo convencido de que cualquier perspectiva de reconciliación nacional debe reservar un lugar esencial a nuestros hermanos y familiares establecidos en los campamentos.

Su eventual regreso a su patria debe poder producirse en condiciones que respeten plenamente su dignidad y sus derechos.

Una verdadera política de reintegración debería contemplar los recursos administrativos y sociales necesarios para facilitar su acogida. Debería favorecer el acceso a la vivienda y a la formación, impulsar la incorporación al mercado laboral y garantizar su participación en la vida pública.

La reconciliación no puede quedarse en una aspiración abstracta. Debe convertirse en un proyecto humano sustentado en garantías concretas y en la recuperación progresiva de la confianza.

En este sentido, el mensaje de Su Majestad el Rey Mohammed VI en su discurso del 31 de octubre de 2025 debe seguir siendo nuestra referencia moral y política. La afirmación de la igualdad entre todos los marroquíes y el llamamiento a la unidad nacional dibujan una vía que rechaza convertir la división en una herencia permanente.

La reconciliación que defendemos no debe entenderse como un borrado de la memoria ni como una negación del sufrimiento vivido. Debe permitir que quienes fueron separados por la historia recuperen una comunidad de pertenencia y puedan contribuir libremente a su futuro.

Los saharauis unionistas podemos desempeñar un papel determinante en esta tarea. Nuestros vínculos familiares y tribales, así como el conocimiento de las sensibilidades locales, pueden facilitar el diálogo y ayudar a reconstruir los puentes humanos.

Sería una forma de mantenerse fiel a la tradición marroquí de unidad y a la voluntad real de preservar la dignidad de todos los ciudadanos.

Nuestro compromiso con Su Majestad el Rey Mohammed VI no se limita a una expresión de sentimientos. Es también una responsabilidad que debe traducirse en hechos.

Nos obliga a defender la unidad nacional y, al mismo tiempo, a contribuir a la construcción de instituciones eficaces y equitativas.

Nos exige promover la cohesión social y preservar las condiciones para una convivencia basada en el respeto. Nos invita a situar el interés general por encima de los intereses particulares y a evitar que las rivalidades locales debiliten las oportunidades que han abierto los avances nacionales.

La monarquía alauí sigue representando, en nuestra concepción del Estado, el símbolo de la continuidad histórica y el principal elemento de cohesión de la comunidad nacional. Su autoridad encuentra una prolongación esencial en el compromiso de los ciudadanos que, mediante su trabajo y su integridad, contribuyen a la prosperidad del país.

Una nueva etapa exige estar a la altura del momento histórico

Soy plenamente consciente de lo que las transformaciones de 2025 y 2026 representan para nuestra generación.

Nos sitúan ante una exigencia de madurez política y un deber de lucidez.

Marruecos ha reforzado su posición diplomática y reafirmado la centralidad de su Iniciativa de Autonomía. También ha otorgado una nueva dimensión institucional y simbólica a la causa de la integridad territorial. A través de la voz de su monarca, ha expresado una visión del futuro nacional que combina la firmeza en los principios con la voluntad de reconciliación.

Ahora nos corresponde estar a la altura de esa ambición.

Las poblaciones saharauis no deben limitarse a aparecer en las declaraciones internacionales. Deben participar plenamente en la consecución de los objetivos que nuestro país se ha marcado. Su compromiso histórico merece reconocimiento y su contribución al futuro debe tener espacio en todos los ámbitos de la vida nacional.

El futuro del Sáhara marroquí no se escribirá únicamente en los foros diplomáticos ni en los archivos de las instituciones internacionales. Se construirá en nuestras ciudades y provincias, en los centros educativos y en las empresas.

Se reflejará en la calidad de las instituciones y en la confianza de los ciudadanos. Se fortalecerá mediante la protección de nuestro patrimonio cultural y la apertura de nuevas oportunidades para las generaciones jóvenes. Y alcanzará su expresión más noble en la capacidad de reunir a las familias y convertir la diversidad de sus trayectorias en una riqueza para toda la comunidad nacional.

Como saharaui marroquí profundamente vinculado a mi identidad y a mi historia, estoy convencido de que nuestra fidelidad al Glorioso Trono alauí constituye un compromiso de conciencia y una responsabilidad hacia las generaciones futuras.

Bajo el liderazgo de Su Majestad el Rey Mohammed VI, Marruecos continúa una obra histórica cuyos pilares son la continuidad del Estado, la soberanía nacional, la dignidad humana y la búsqueda de una prosperidad compartida.

A esa tarea queremos contribuir con constancia y responsabilidad.

Nuestra marroquinidad no es una reivindicación circunstancial ni un sentimiento que pueda cambiar al compás de las coyunturas. Es nuestra herencia y nuestro compromiso. Es la memoria de nuestros antepasados y la promesa que hacemos a nuestros hijos.

Es una lealtad profunda, transmitida de generación en generación, que encuentra en la Bay’a al Augusto Trono alauí su máxima expresión de adhesión a la Nación.

El Sáhara marroquí forma parte de esa continuidad histórica que tenemos el deber de preservar y de esa ambición colectiva que nos corresponde hacer realidad.

Desde la fidelidad al Rey, el compromiso con el trabajo, la defensa de la dignidad y la voluntad de concordia, seguiremos contribuyendo a la construcción de un Marruecos unido y próspero; un país cuya grandeza se mida tanto por la firmeza de sus convicciones como por la generosidad de su proyecto nacional.

Brahim Ould Errachid
Miembro del Consejo Nacional del Partido del Istiqlal

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