Mohamed Nouri: Soft power otra vez
Dios da a cada pájaro su comida, pero no la tira a sus nidos
J.G. Holland
La final del mundial sub-20 que enfrentó a las selecciones marroquí y argentina fue seguida por 2,8 mil millones de personas, o sea por más de la cuarta parte de la población de este planeta en que vivimos llamado tierra. Esta cifra es de la propia FIFA. Ni ésta se esperaba este número insólito para una final de fútbol U20, un record total desde que empezó a celebrarse este campeonato en 1977.
En mi opinión, la relevancia de este evento fue motivada por dos razones esenciales:
-Primero: el recorrido fulgurante del equipo marroquí desde el inicio del campeonato. Todos los pronósticos auguraban que el equipo de Marruecos quedaría eliminado en la primera ronda al caer en un grupo que los analistas futbolísticos calificaron como grupo de la muerte. Éste se componía de España, Brasil y Méjico. Conforme iban sucediendo los partidos, el pequeño David vencía a los Goliats que encontraba en su camino, uno tras otro, en duelos limpios y con excelente fútbol, logrando clasificarse como primero de grupo. El éxito fue tan rotundo que los marroquíes inventaron un chiste que dice que si a Marruecos le tocó el grupo de la muerte, éste se convirtió en su ángel de la muerte.
Clasificado a octavos como cabeza de grupo, Marruecos siguió con sus hazañas eliminando a otros equipos de gran renombre como Corea del Sur y Estados Unidos que figuraban entre los equipos favoritos para alzarse con la copa, luego Francia, para encontrarse en la final con la selección argentina. Con ello, se puede decir que el equipo marroquí se enfrentó a todas las escuelas futbolísticas del mundo: la latinoamericana (Brasil, Argentina y Méjico), la europea (España y Francia), la asiática (Korea del Sur), y la norteamericana.
No cabe duda que las redes sociales han jugado un papel transcendental en la difusión y multiplicación de la bonita y relevante imagen de unos chicos sonrientes sacados del libro de aventuras de Aladino, arropados por un entrenador guapo, calmo y afable, que además, habla todos los idiomas. Más no se puede pedir.
-Segundo: la final enfrentó a dos escuelas totalmente distintas: la de América del Sur que se distingue por su excelencia técnica, y la norteafricana conocida normalmente por su pujanza y pasión. Esta vez, la selección marroquí aportó una mezcla de solidez y exquisitez que le convirtió en un país africano que juega un fútbol de América del Sur. Estos ingredientes fueron más que suficientes para ofrecernos un bello partido que superó todas las expectativas.
Lo más llamativo es que, igual que pasó en Catar, el equipo marroquí fue animado no sólo por el público del país anfitrión, sino por el mundo entero. Con ello, se puede afirmar que el fútbol es hoy en día el instrumento más poderoso del soft power marroquí.
En efecto, el impacto de esta proeza a nivel de comunicación es increíblemente provechoso para Marruecos, y se añade al que consiguió el primer equipo en Catar que podía haber llegado a la final, y quién sabe, ganarla si no fuera por errores arbitrales.
En un artículo publicado en este mismo periódico el día 9 de diciembre de 2022, decía que para que un país forjase su camino y defendiese sus intereses en este mundo de carnívoros, existen 2 vías posibles:
A-A través de lo que se llama el Hard power es decir la capacidad de un estado de influir en el escenario regional y/o internacional merced a su potencia militar o económica.
B-Mediante el Soft power, donde lo simbólico asume un papel transcendente.
Dije también en su momento que la clasificación del equipo de fútbol marroquí a los cuartos de final del mundial de Catar formaba parte de este poder simbólico susceptible de propulsar a países limitados en cuanto a superficie geográfica, población o recursos naturales, a posiciones prominentes e inimaginables.
Apenas tres años después, y merced al fútbol otra vez, Marruecos vuelve a estar en boca de todos, a ocupar las portadas de toda la prensa escrita y digital internacional, a convertirse en el tema principal de miles de millones de podcasts y de trends, y cómo no, y sobre todo, a gozar de la simpatía de miles de millones de personas. Esta vez, la empresa ha sido aún más importante al proclamarse campeón del mundo.
Esta hazaña tendrá sin atisbo de duda un impacto muy positivo sobre el la imagen del país que se prepara a albergar la copa de África de fútbol en menos de dos meses. La organización tripartita del mundial de fútbol del 2030, junto con España y Portugal, permitirá al país de dotarse de buenas infraestructuras y servicios, recibir mayores inversiones extranjeras y asegurar una mayor proyección del país a nivel internacional.
Queda claro también que el fútbol es hoy un componente esencial de la diplomacia marroquí. Los dos caminan juntos, codo con codo y hombro con hombro. La presencia del ministro marroquí de asuntos exteriores junto con el presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol en la final como en la ceremonia de entrega de la copa fue una operación de comunicación de incalculable valor. Ésta viene a mostrar un país dinámico, con gran poder relacional, y amado por miles de millones de personas.
Estoy convencido de que la apuesta ganadora de Marruecos por el fútbol y la imagen positiva que éste le ha brindado durante los tres últimos años ha participado mucho en la consecución de otro objetivo, más transcendental aún, que llevamos esperando medio siglo con paciencia y perseverancia: el reconocimiento legal por parte de Naciones Unidas de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara.
Hoy por hoy, Marruecos está recogiendo los frutos maduros de la visión prospectiva de SM el Rey de Marruecos que se perfiló hace diecisiete años, poniendo el fútbol en el centro del soft power marroquí. Gracias al trabajo estructurado y meticuloso del presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol, junto con un ejército de formadores y técnicos, este inmenso proyecto se ha podido llevar a cabo con un éxito notorio. La inversión en infraestructuras y formación, así como la decisión de contar con técnicos nacionales han sido elementos claves para ello. Estos recursos nacionales han sabido insuflar el espíritu de tamghrabit basado en el amor del país y de sus valores ancestrales de solidaridad y trabajo colectivo.
Decía John Ruskin que la calidad nunca es un accidente, siempre es el resultado de un esfuerzo inteligente.
Cada vez que avanzo en la edad, me convenzo de que la gloria de un país, de una nación, se forja a través del esfuerzo colectivo de su gente.
Y hoy como tres años antes, vuelvo a decir que la palabra imposible no existe en el léxico marroquí.

