Brahim Ould Errachid: “Europa ha elegido el realismo político en el Sáhara marroquí”
La Unión Europea ha dado un paso político significativo al adoptar,, una posición que considera el plan de autonomía presentado por Marruecos como la base más realista y viable para una solución definitiva al diferendo regional en torno al Sáhara marroquí.
Esta postura quedó formalizada al término de la 15ª sesión del Consejo de Asociación entre Unión Europea y Marruecos, celebrada en Bruselas, mediante un comunicado conjunto firmado por el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, y la Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas.
En el documento, la Unión Europea subraya que una “autonomía auténtica” en el marco de la soberanía marroquí constituye una de las soluciones más realistas y pragmáticas, en coherencia con los parámetros definidos por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y con las resoluciones más recientes que llaman a una solución política duradera y mutuamente aceptable.
Este posicionamiento común de los Veintisiete supone un giro cualitativo en la aproximación europea a un conflicto que durante décadas ha permanecido bloqueado por planteamientos maximalistas y fórmulas sin viabilidad política.
Un momento de realismo político
Para Brahim Ould Errachid, este paso europeo marca “un momento de realismo político” con implicaciones estratégicas de largo alcance.
Brahim Ould Errachid, miembro de la Comisión de Asuntos Exteriores del Partido de l’Istiqlal, considera que el respaldo conjunto de los 27 Estados miembros refleja una toma de conciencia progresiva en Europa sobre la necesidad de priorizar la estabilidad regional y las soluciones pragmáticas frente a enfoques ideológicos estériles.
El plan de autonomía marroquí ofrece un marco moderno que combina soberanía nacional con amplios márgenes de autogobierno local , descentralización, participación democrática y desarrollo regional, en línea con los principios de buena gobernanza territorial que la propia Unión Europea promueve dentro de sus fronteras.
España, socio estratégico clave
El análisis de Ould Errachid pone un énfasis particular en el papel de España, a la que define como un actor central en la consolidación de esta nueva dinámica.
Según el analista, Marruecos no es para España únicamente un país vecino, sino un aliado estratégico indispensable. La cooperación bilateral en ámbitos como la seguridad, la lucha contra el terrorismo, la gestión de los flujos migratorios, el comercio, la energía y la conectividad demuestra —sostiene— que la estabilidad y el desarrollo de Marruecos están directamente vinculados a los intereses estratégicos de España y, por extensión, de toda la Unión Europea.
Desde esta perspectiva, reforzar la asociación con Rabat equivale a reforzar la estabilidad del flanco sur europeo, en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas crecientes y desafíos de seguridad compartidos.
Desarrollo en el Sáhara marroquí y credibilidad de la autonomía
Ould Errachid subraya igualmente que las provincias del sur del Reino han experimentado en los últimos años una transformación profunda, con inversiones significativas en infraestructuras, puertos, energías renovables, educación y servicios públicos.
Estos avances, explica, aportan una dimensión concreta y verificable a la propuesta de autonomía, demostrando que puede traducirse en mejoras reales en la vida de las poblaciones locales y en un marco de estabilidad duradera.
Para el analista, este desarrollo territorial refuerza la credibilidad internacional de la iniciativa marroquí y explica la convergencia progresiva de actores internacionales hacia una solución basada en el realismo y la viabilidad.
Brahim Ould Errachid subraya que esta evolución diplomática refleja también el agotamiento de las alternativas maximalistas que, durante décadas, no han logrado ofrecer una salida viable al conflicto. Según su análisis, la convergencia progresiva de la comunidad internacional hacia la iniciativa marroquí responde a una necesidad compartida de estabilidad, desarrollo y previsibilidad en el Magreb.
Ould Errachid recuerda igualmente que el apoyo al plan de autonomía debe leerse a la luz de las transformaciones profundas experimentadas en las provincias del sur del Sáhara marroquí, tanto en materia de infraestructuras como de energías renovables, educación y servicios públicos. Estos avances, señala, demuestran que una solución basada en la autonomía no es una abstracción diplomática, sino un proyecto con impactos reales sobre el bienestar de las poblaciones locales.
Finalmente, el analista estima que la posición conjunta de los 27 Estados miembros envía un mensaje político claro: la estabilidad regional, la cooperación euro-mediterránea y el desarrollo compartido prevalecen hoy sobre la prolongación indefinida de un conflicto sin perspectivas. En este sentido, Marruecos se consolida, según su lectura, como un socio central e imprescindible para Europa en la construcción de un espacio regional más seguro, próspero y equilibrado.

