Los extremos acaban tocándose
Mohamed Nouri
La confianza se gana a pie y se pierde a caballo
Proverbio popular
Cuando uno se permite sobrepasar la dosis de enajenación e insidia, llega a creer su tontería. Enfrascados en este destructivo pensamiento llamado autoengaño, los individuos persisten en su lanzada, los gobiernos se cierran en sus posturas y los ejércitos en sus doctrinas.
Según Kurt Lewin, una decisión puede llegar a cristalizar el pensamiento. Una vez comprometidos en una dirección, las personas como lo colectivos se agarran a esta trayectoria porque les resulta familiar, y porque revisarla implica cuestionar su propia identidad.
Este ‘sesgo de confirmación’ es más fuerte cuando la decisión tomada es pública, importante, y genera graves consecuencias. Reconocer su error de apreciación acerca de una persona o una situación ante un amigo o un familiar es una cosa, dirigirse a las masas para decirles que se han equivocado en depositar su confianza en nosotros es otra. Otro sesgo llamado ‘reducción de disonancia cognitiva’ o racionalización a posteriori nos hace muy virtuosos a la hora de ahogar nuestras contradicciones y sobrestimar nuestra coherencia.
Estas inclinaciones cognitivo-comportamentales son omnipresentes en los conflictos de antaño como de ahora. Resumiendo: un estado escoge un bando, confecciona y persevera en un cierto discurso y luego es demasiado tarde. El coste político, narrativo e identitario del cambio de sentido es percibido como superior al coste objetivo de seguir en la misma dirección. Dicho de otra manera: se prefiere seguir con el error que admitirlo.
Esta interesante perspectiva nos permite escrutar los sustentos de la perversidad intelectual humana (al menos de ciertos dirigentes políticos), y por tanto las razones de la declaración como del empantanamiento de la guerra de EE.UU e Israel contra Irán.
Desde el punto de vista geopolítico, esta guerra está condenada, en un mundo tan interdependiente como el actual, a crear el caos por dos razones complejas esenciales:
1-Porque enfrenta a dos conceptos totalmente opuestos de la guerra: sangría versus desgaste;provocar una hemorragia fuerte al enemigo de manera exclusivamente militar esperando así acortar el tiempo del conflicto, frente a una guerra asimétrica, a medio y largo plazo, para desgastar al rival por razones económicas y políticas (electorales).
2-Porque la interconexión que vivimos acelera los eventos arrojándonos en esos típicosmomentos de zozobra y angustia que suelen anticipar las crisis económicas mundiales, cuando la única ley que prima es la de la jungla y cada cual corre para reservar su sitio en unnuevo sistema internacional en construcción.
Como van las cosas, se me antoja decir que una vez más, los países árabes corren el riesgo deser los grandes perdedores de esta nueva guerra que pone en evidencia la diferencia entre pérdida táctica y ganancia estratégica. ¡Veamos!
Es cierto que tanto Irán como Israel son bombardeadas, la primera de manera más salvaje por supuesto. En el lenguaje militar, estas pérdidas se llaman operacionales. Israel está dispuesta a perder soldados e infraestructuras a cambio de ocupar el sur del Líbano e utilizarlo en un primer momento como zona tampón. Para el Líbano, supone pérdida de tierra; para Israel, un paso más hacia el Gran Israel.
Por su parte, Irán está dispuesta también a asumir quebrantos considerables para demostrar que es la potencia que manda en la región y que su papel es clave en la economía mundial. Por ello, golpea las bases americanas en los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y también la infraestructura energética, los aeropuertos y las desalinizadoras de estos países desprovistos de ríos y acuíferos. El cierre del estrecho de Ormoz significa no solo obturar la arteria por donde transita el 22% del petróleo mundial sino también el 90% de la comida que llega a estos países. Debilitarlos equivale a fragilizar los soportes del sistema financiero de EE.UU. Estos países venden sus recursos petrolíferos en dólares que son reinyectados en el sistema financiero estadounidense, en las empresas high tech en particular. Merced a sus proxys hutíes en Yemen, Irán puede causar más daño a la economía mundial a través de la perturbación o el cierre de Bab al Mandab.
De esto se trata: pérdidas tácticas a cambio de ganancias estratégicas. Recordemos que en la segunda guerra mundial, Rusia tuvo pagó un tributo de 20 millones de soldados para convertirse en una potencia internacional. Pues eso, Israel e Irán sufren, pero son los dolores típicos de la gestación de un nuevo mundo en que ellos ocuparán puestos relevantes.
Como dije antes, los países árabes de la región se perfilan como perdedores a menos que se espabilen. Me explico: bombardear Dubai, Doha y al-Manama significa desbaratar un modelo en que los árabes han sabido triunfar. Golpearlas significa volar por los aires la reputación de confianza que tienen ante inversores y turistas y por tanto borrar sus nombres del registro de comercio internacional. Si esta guerra dura más tiempo, es probable que a Emiratos, Bahréiny Catar les ocurra igual que pasó al Líbano (la pequeña Suiza) a finales de los setenta y principios de los años 80 después de dos invasiones israelíes. Los capitales habían huido en su momento de este país, ya inseguro, para aterrizar en Bahréin y luego en Emiratos y Catar.
Por ello, estos países deben entender que Israel e Irán están usando una ingeniería de desgaste mutuo cuyo resultado final les beneficia a los dos:
-A la primera que quiere un nuevo Oriente Medio sin ejércitos nacionales fuertes, o sea pequeñas taifas bajo su tutela y protectorado.
-Y a la segunda que aspira a un poder que va de Tehrán hasta el Mediterráneo, algo impensable en presencia de países árabes fuertes y estables. Perder atacando a sus vecinos árabes, destruir su imagen como lugar seguro, regionalizar e incluso internacionalizar el conflicto es sinónimo de inversión para Irán, ruina para estos países.
Bombardeando Irán, Israel está dando la legitimidad a las milicias a tomar las capitales árabes so pretexto de la resistencia; y cuando Irán ataca a Israel, ofrece razones para que los buques estadounidenses permanezcan ad vitam aeternum en la zona, y para que los portaviones británico y francés vengan al Mediterráneo Oriental pero no para bombardear Irán, sino para asegurar y dominar los corredores marítimos árabes (Bab al Mandab, Estrecho de Ormuz, y el Canal de Suez).
Dicho de otra manera, les quitan a los países árabes del Golfo las llaves de su casa socolor de que el ladrón está acechando en la puerta. Es fácil intuir que cuando el supuesto protector se adueña de la llave, el propietario se vuelve innecesario. Así, todos ganan menos estos países.
La pregunta es: ¿Qué harán estos países ante esta crisis existencial consecuente de una guerra impuesta y muy nefasta para sus intereses?
No cabe duda de que estamos ante un nuevo sistema internacional en gestación, que la ecuación energía y dinero a cambio de protección ya no funciona, que la credibilidad de EE.UU está en entredicho no solo en la zona sino en el mundo entero.
Es el gran riesgo geopolítico que corre EE.UU por tener una administración que hace la guerra de los otros, sin visión estratégica ni objetivos propios.
Todo crece eternamente, tendido hacia su declive, decía Heráclito.

