Cultura

Kaïsse Ben Yahia: ciencia, cultura y compromiso al servicio de Marruecos

Entre la ingeniería, la poesía y la acción pública, un recorrido marcado por la transmisión, la solidaridad y el amor a la patria.

En un mundo donde la especialización suele encasillar a las personas en una sola identidad, Kaïsse Ben Yahia representa una excepción singular. Ingeniero en química nuclear, músico, poeta, hombre de cultura y servidor del Estado, su trayectoria reúne universos que a primera vista parecen distantes, pero que en su caso convergen en una misma visión: poner el conocimiento, la creatividad y el compromiso humano al servicio de Marruecos.

Originario de Tetuán, ciudad emblemática del norte del Reino y heredera de una rica tradición araboandaluza, Ben Yahia reivindica con orgullo una identidad construida sobre la apertura, el diálogo y la transmisión de valores. A lo largo de su carrera ha combinado la rigurosidad científica con la sensibilidad artística, demostrando que la razón y la emoción no son caminos opuestos, sino complementarios.

«La cultura, la solidaridad y el amor a la patria son los verdaderos motores del desarrollo», afirma convencido.

Una herencia familiar marcada por la cultura

Buena parte de esa visión nace de su entorno familiar. Hijo del reconocido poeta Mohammed Ben Yahia Tanjaoui, creció en una casa donde la literatura, la música y el pensamiento formaban parte de la vida cotidiana.

Por su hogar pasaron escritores, artistas e intelectuales que dejaron una profunda huella en su formación. Aquellas reuniones culturales despertaron en él una sensibilidad que años más tarde encontraría expresión tanto en la música como en la poesía.

Pero más allá del legado artístico, destaca la herencia humana recibida de su padre: la humildad, la generosidad, el respeto por los demás y la pasión por la lengua árabe, considerada por él como una de las mayores riquezas culturales del mundo árabe.

Durante más de una década, Kaïsse Ben Yahia desempeñó importantes responsabilidades en la Fundación Mohammed V para la Solidaridad, una experiencia que le permitió recorrer el país y conocer de cerca la realidad de miles de marroquíes.

Aquellos años reforzaron una convicción que sigue guiando su pensamiento: la principal riqueza de Marruecos no es material, sino humana.

Desde las montañas del Atlas hasta las regiones más alejadas del sur, descubrió historias de resiliencia, creatividad y esperanza que le llevaron a confiar profundamente en el potencial de la sociedad marroquí.

Especialmente optimista se muestra respecto a la juventud.

«He encontrado jóvenes con talento, ambición y una extraordinaria capacidad de innovación. Son una de las mayores promesas del futuro de Marruecos», asegura.

La solidaridad como patrimonio nacional

Para Ben Yahia, la solidaridad ocupa un lugar central en la identidad marroquí.

Más que una herramienta de desarrollo, la considera una expresión natural de la Tamaghrabite, ese sentimiento colectivo que une a los marroquíes en torno a valores compartidos de ayuda mutua, responsabilidad y cohesión social.

A su juicio, cada vez que el país afronta una dificultad, los ciudadanos demuestran una capacidad excepcional para movilizarse y actuar juntos.

«La solidaridad es uno de los patrimonios inmateriales más valiosos de Marruecos. Es una fuerza silenciosa que refuerza nuestra unidad nacional y nuestra capacidad para afrontar los desafíos del presente», explica.

Marruecos, una civilización del diálogo

Si hay un tema que atraviesa toda la reflexión de Kaïsse Ben Yahia es la cultura.

Lejos de limitarse a una actividad artística, la considera una herramienta estratégica para el desarrollo, la cohesión social y el diálogo entre los pueblos.

En su opinión, Marruecos no es únicamente un punto de encuentro entre civilizaciones, sino una civilización en sí misma, fruto de siglos de intercambios entre influencias amazighes, árabes, africanas, andalusíes, mediterráneas, hebreas y saharo-hassaníes.

Esa diversidad ha dado lugar a una identidad singular que, según él, constituye uno de los mayores activos del Reino en el escenario internacional.

«La identidad no se fortalece mediante el aislamiento, sino a través del diálogo. La diversidad no es una amenaza; es una riqueza», sostiene.

La poesía como búsqueda interior

Paralelamente a sus responsabilidades profesionales e institucionales, Kaïsse Ben Yahia ha desarrollado una intensa actividad literaria.

Tras la publicación de Patch-Words, L’Amour émoi y Patchwords II, L’Amour en vers, acaba de presentar La Nuit du Jeudi… le Souffle du Vendredi, un libro íntegramente escrito en árabe.

La obra refleja una dimensión más íntima y espiritual de su personalidad. Inspirada en momentos de reflexión que reserva cada jueves por la noche, propone una pausa frente al ritmo acelerado de la vida moderna para recuperar el diálogo con uno mismo.

«Vivimos en un mundo que nos exige constantemente. Todos necesitamos preservar un espacio interior donde podamos escuchar nuestra propia voz», señala.

En sus textos, el amor aparece como un tema recurrente, aunque entendido en un sentido amplio: amor por los demás, por la belleza, por la cultura, por la memoria y por la dimensión espiritual de la existencia.

África, cultura y futuro

Observador atento de la evolución del Reino, Ben Yahia considera que la cultura también puede desempeñar un papel esencial en el acercamiento entre los pueblos africanos.

Según explica, las relaciones económicas acercan intereses, pero son los intercambios culturales los que construyen puentes duraderos entre las sociedades.

Por ello defiende una mayor circulación de obras, artistas e iniciativas culturales entre los países africanos, convencido de que el conocimiento mutuo es una de las bases más sólidas para construir una integración continental sostenible.

Al mirar atrás, desde sus años de juventud en Tetuán hasta sus actuales responsabilidades y su aventura literaria, Kaïsse Ben Yahia resume su recorrido en una idea sencilla pero profunda.

Una filosofía basada en la confianza, la humildad y el compromiso con los demás.

Para él, las experiencias más importantes de la vida no siempre son las que uno planifica, sino aquellas que nacen de los encuentros, de las oportunidades inesperadas y de la capacidad de mantenerse fiel a los propios valores.

En una época marcada por la rapidez, la incertidumbre y las transformaciones constantes, su mensaje mantiene una notable actualidad: el desarrollo de una nación no depende únicamente de las infraestructuras o de los indicadores económicos, sino también de la capacidad de preservar la cultura, fortalecer la solidaridad y transmitir valores a las nuevas generaciones.

Y es precisamente en esa combinación de conocimiento, sensibilidad y servicio donde se encuentra la esencia del recorrido de Kaïsse Ben Yahia.

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