CEOE y OCDE marcan en Madrid la hoja de ruta hacia la XXX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno
Los días 30 de junio y 1 de julio, Madrid acogió una cita que fue mucho más allá del protocolo diplomático. La sede de la CEOE se convirtió en el epicentro de un diálogo que lleva meses fraguándose entre dos orillas del Atlántico y que encontró en estas jornadas su expresión más ambiciosa: la hoja de ruta empresarial e institucional que marcará la agenda de la XXX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, prevista para los días 4 y 5 de noviembre en la capital española.
La jornada reunió a más de cincuenta ministros, viceministros y altos responsables políticos e institucionales, junto a representantes del sector privado, organizaciones internacionales, instituciones europeas y bancos multilaterales de desarrollo. Entre los presentes figuró también el Reino de Marruecos, representado por el Sr. Adil Alami, Consejero Político de la Embajada de Marruecos en Madrid. Todo ello bajo el lema que resume el espíritu del momento: «Beneficios mutuos de una asociación estratégica revitalizada en el nuevo contexto geopolítico». No es retórica. Es una declaración de intenciones en un mundo que se fragmenta, y en el que América Latina y el Caribe deciden reclamar su lugar.

El sector privado, de espectador a protagonista
El XVI Encuentro Empresarial Iberoamericano, organizado conjuntamente por el Consejo de Empresarios Iberoamericanos (CEIB) y la OCDE, arrancó con un mensaje inequívoco del secretario general de CEOE, José Alberto González-Ruiz: la región dispone de recursos esenciales para la transición energética, un potencial de crecimiento enorme y una población joven. El sector privado ya no puede permanecer al margen de las decisiones que definirán su futuro.
Antonio Garamendi, presidente de CEOE y CEIB, lo resumió con una frase que recorrió toda la jornada: «Es el momento de Iberoamérica». Garamendi fue directo al señalar que ninguna transformación económica será posible sin inversión, y que «las empresas no son el problema sino una parte esencial de la solución». Añadió tres condiciones para que la región despegue: que los gobiernos consideren al sector privado parte de la solución, que reconozcan a las organizaciones empresariales como interlocutores legítimos, y que creen entornos favorables a la inversión. «La colaboración público-privada no es una opción, es una necesidad», sentenció.
Los datos hablan por sí solos. España se consolida como el segundo inversor extranjero en América Latina, con cerca de 1.000 millones de euros comprometidos en 2025. El 75% de las empresas del IBEX 35 tienen presencia en la región, y el 65% de las compañías españolas instaladas allí esperan mantener o incrementar su facturación. Jordi Colgán, director general de Diplomacia Económica del Ministerio de Asuntos Exteriores, situó estas cifras como el respaldo más sólido al compromiso español con una OCDE fortalecida y con una relación bidireccional con la región.
La segunda jornada elevó el tono político del encuentro. El ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, copresidió junto al secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, el Diálogo Ministerial OCDE-América Latina y el Caribe, que reunió a delegaciones de 52 países y 14 organismos multilaterales en el marco del décimo aniversario del Programa Regional de la organización para la región.
Albares defendió una «asociación entre iguales», basada en una «comunidad de intereses y valores compartidos» con un valor estratégico que calificó de inmenso. En un contexto internacional marcado por la polarización, el mensaje español fue claro: «Seguiremos defendiendo una visión del mundo basada en la cooperación, el diálogo y el respeto al derecho internacional». Las nuevas prioridades de esta hoja de ruta conjunta apuntan a la seguridad económica, la transición energética, la conectividad digital y la economía azul.
Todo lo debatido en estas jornadas no es un fin en sí mismo, sino el punto de partida de algo más grande. La XXX Cumbre Iberoamericana, que reunirá en Madrid a los jefes de Estado y de Gobierno de toda la comunidad iberoamericana el próximo noviembre, deberá traducir estos diagnósticos y propuestas en compromisos políticos concretos: mejora del clima de negocios, refuerzo de la seguridad jurídica, aceleración de la integración regional y consolidación de la alianza estratégica entre América Latina y la Unión Europea. Madrid será, en noviembre, la capital de Iberoamérica. Las decisiones que allí se adopten tendrán impacto en cerca de 700 millones de ciudadanos del espacio iberoamericano.
