Un gesto diplomático imprudente: cuando Colombia juega a tener su propio “Tebboune” en América Latina
La decisión del presidente de Colombia de reunirse con Mohamed Zrug, presentado como “ministro delegado para América Latina” de la autoproclamada RASD, ha generado un gesto diplomático desconcertante y carente de beneficios reales para su país, especialmente al tratarse de un delegado de una organización catalogada como terrorista por varios organismos internacionales.
En lugar de alinearse con las prioridades estratégicas de América Latina —que buscan atraer inversión, fortalecer alianzas con potencias globales y consolidar la estabilidad regional— el jefe de Estado colombiano adopta una postura ideologizada que se acerca más a la narrativa promovida por Argelia que a una política exterior basada en intereses nacionales.
Este encuentro envía una señal clara: Colombia está dispuesta a respaldar posiciones marginales, alejadas del consenso internacional emergente en torno a la propuesta marroquí de autonomía, apoyada por Estados Unidos, España, Alemania, países del Golfo y gran parte de África.
La posición colombiana, justificada con argumentos simplificados sobre un referéndum imposible de aplicar desde hace décadas según la propia ONU, importa artificialmente a América Latina un conflicto que no forma parte de su agenda estratégica.
Mientras países de la región fortalecen sus vínculos económicos con Marruecos —un actor emergente con acuerdos sólidos en energía, seguridad, inversión y cooperación Sur-Sur— Colombia se arriesga a deteriorar una relación con un socio estable y con influencia global creciente, sin obtener contrapartida diplomática, económica ni geopolítica.
El gesto, más simbólico que útil, desvía la política exterior colombiana hacia posturas testimoniales que no aportan beneficios tangibles.En definitiva, Colombia necesita alianzas que impulsen su desarrollo y su credibilidad internacional. Reproducir la estrategia ideológica argelina, sin cálculo de intereses, debilita su posición en la región.
En un contexto global donde prima el pragmatismo, el país requiere un liderazgo orientado a resultados, no gestos diplomáticos vacíos.

